Las II Jornadas de Muestra t en IA reunieron distintas perspectivas sobre creación artística, memoria queer, autoría, trazabilidad y responsabilidad ante unas imágenes que ya no necesitan documentar un hecho para parecer reales.
Por Corina De Sousa – Franquearte Vive el Arte
¿Qué ocurre con nuestra relación con las imágenes cuando ya no necesitan una cámara, un acontecimiento o una persona real delante del objetivo para resultar verosímiles? ¿Cómo distinguimos una obra artística, un documento, una ficción o una manipulación? ¿Qué responsabilidades aparecen cuando la inteligencia artificial entra en los procesos de creación y circulación de imágenes?
Estas preguntas atravesaron las II Jornadas de Muestra t en IA: Imagen y verdad en tiempos de IA, organizadas por Muestra t, el festival cultural de Madrid Orgullo, con Microsoft como aliado y patrocinador principal. El proyecto contó con la gestión cultural de Franquearte Vive el Arte, bajo la curaduría de Corina De Sousa, y con la colaboración de Safe Creative, la Fundación StudioRGF y el Archivo Arkhé en la conversación.
El encuentro tomó como punto de partida Un archivo inexistente, del artista chileno Felipe Rivas San Martín, una obra que utiliza inteligencia artificial generativa para imaginar fotografías de afectos queer y disidentes sexuales en contextos latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX.
Felipe no pudo desplazarse finalmente a Madrid, pero participó mediante una entrevista audiovisual de cerca de cincuenta minutos, grabada especialmente para las jornadas. En ella presentó el origen del proyecto, sus decisiones artísticas, el proceso de generación de las imágenes y su posterior transformación al formato audiovisual. La intervención fue acompañada por la proyección de las piezas animadas que forman parte de la exposición presentada en NOMAD.
A partir de la obra, la conversación reunió a Asier Crespo, director legal de Microsoft España y Portugal; Mario Pena, director de operaciones de Safe Creative; Roberto González Fernández, artista visual y presidente de la Fundación StudioRGF; y Pedro Felipe Hinestrosa Díaz del Castillo, abogado, coleccionista y cofundador del Archivo Arkhé.
Sus intervenciones permitieron abordar la inteligencia artificial no solo como una cuestión tecnológica, sino como un fenómeno artístico, jurídico, cultural, patrimonial y político.
Las imágenes no solo desaparecen: algunas nunca llegan a existir
Uno de los primeros asuntos planteados fue la relación entre Un archivo inexistente y los vacíos presentes en los archivos queer latinoamericanos.
Desde su experiencia en Archivo Arkhé, Pedro Felipe Hinestrosa formuló una pregunta fundamental: ¿por qué apenas existen fotografías que documenten la vida íntima, privada y gozosa de las comunidades queer latinoamericanas durante la primera mitad del siglo XX?
La falta de imágenes no puede entenderse únicamente como una consecuencia accidental del tiempo o de una conservación deficiente. También responde a sociedades y Estados que negaban o perseguían la propia existencia de esas personas.
Los archivos conservan fotografías vinculadas con frecuencia a discursos médicos, policiales o criminalizadores. Sin embargo, apenas encontramos imágenes cotidianas de parejas, amistades, celebraciones, deseos o afectos. La exclusión actuó antes incluso de que pudiera producirse el documento: muchas personas evitaron ser fotografiadas porque la imagen podía convertirse en una prueba contra ellas.
Por tanto, no se trata solo de que determinados materiales fueran destruidos posteriormente. En palabras de Pedro Felipe, muchas imágenes directamente “no llegan a generarse”.
Esta constatación modifica nuestra manera de pensar el archivo. Un vacío documental no significa que esas vidas no existieran. Puede revelar, precisamente, las condiciones sociales que les impidieron dejar una huella visible.
Un archivo inexistente no pretende llenar ese vacío con documentos falsos ni sustituir la historia que no se conservó. Lo convierte en una pregunta. Sus imágenes no demuestran que aquellas escenas ocurrieran, sino que señalan la violencia histórica que dificultó que pudieran ser fotografiadas, reconocidas y preservadas.
Imaginar lo ausente sin hacerlo pasar por verdadero
Las imágenes de Felipe Rivas imitan algunas características de la fotografía antigua: el grano, el deterioro, las marcas del tiempo y ciertos códigos visuales del retrato histórico. Sin embargo, el artista mantiene visibles errores, deformaciones y anomalías producidas por la inteligencia artificial.
Esos fallos no se ocultan ni se corrigen completamente. Funcionan como una distancia crítica que recuerda al espectador que no está delante de una fotografía histórica.
Asier Crespo insistió en la necesidad de situar la obra correctamente en el tiempo. Un archivo inexistente representa escenas asociadas al pasado, pero es una creación contemporánea que mira hacia aquello que debería haber podido existir. No pertenece a la primera mitad del siglo XX; habla desde nuestro presente sobre los silencios de aquel periodo.
Esta distinción resulta especialmente importante porque la fotografía continúa manteniendo una relación muy fuerte con la idea de prueba. Aunque hace décadas sabemos que una imagen puede construirse, editarse o manipularse, la capacidad de la IA para producir fotografías, vídeos y audios de gran verosimilitud intensifica el problema.
La ética de una imagen generada no depende únicamente de su apariencia. También depende del contexto en el que se presenta, de la intención que la sostiene y de la información que permite comprenderla.
En la obra de Felipe, los errores hacen visible el artificio y protegen la diferencia entre ficción y documento. Para Pedro Felipe Hinestrosa, esa decisión supone una actitud de respeto hacia la verdad: las imágenes no intentan ocupar el lugar de las experiencias reales, sino representar el silencio que dejó su ausencia.
La inteligencia artificial como herramienta, no como finalidad
La conversación también permitió observar cómo la inteligencia artificial se integra en una trayectoria artística consolidada.
Roberto González Fernández explicó que comenzó a utilizar herramientas generativas para buscar referencias visuales destinadas a un proyecto pictórico. La experimentación con imágenes y pequeños fragmentos de vídeo terminó abriendo posibilidades que no había previsto inicialmente: nuevas piezas audiovisuales, ilustraciones y desarrollos narrativos.
Su experiencia mostró que un proceso con IA no tiene por qué concluir en la imagen generada por el sistema. Esa imagen puede actuar como referencia, boceto, detonante o material intermedio que después es seleccionado, transformado, dibujado, pintado o integrado en una obra más amplia.
Entre las aportaciones más concretas que Roberto destacó se encuentra el ahorro de tiempo. Procesos preparatorios que podían prolongarse durante meses se redujeron de forma considerable, permitiéndole probar más caminos y desarrollar proyectos que quizá no habría podido abordar del mismo modo.
Pero esta agilidad no elimina el trabajo artístico. Exige decidir qué pedir, qué descartar, qué modificar y cómo integrar cada resultado en una investigación propia. Roberto fue claro al definir la IA como una herramienta y no como el único fin del proceso.
Asier Crespo reforzó esta idea al señalar que “la chispa tiene que estar en la persona”. La herramienta puede ayudar a generar referencias, ampliar ideas o acotar una ejecución, pero la intención, la selección y el sentido continúan dependiendo de quien crea.
La discusión no debería reducirse, por tanto, a aceptar o rechazar la inteligencia artificial de forma general. La pregunta más útil es qué lugar ocupa dentro de cada proceso y qué aporta a una propuesta artística concreta.
Documentar la contribución humana
La incorporación de IA a los procesos creativos abre también preguntas sobre autoría y protección.
Mario Pena explicó que el debate actual no puede resolverse únicamente observando la obra terminada. Para comprender qué derechos pueden existir y qué intervención corresponde a una persona creadora, será necesario conocer el proceso: las decisiones adoptadas, los materiales empleados, las distintas versiones y la combinación entre producción humana y sintética.
Por ello, una de las principales recomendaciones surgidas de la conversación fue documentar. No solo conservar el archivo final, sino registrar las fases relevantes de la creación.
Esta información puede ser útil para una futura valoración jurídica, pero también para instituciones, coleccionistas y públicos. Conocer el recorrido de una pieza permite apreciar mejor qué ha hecho el artista y qué función ha cumplido la tecnología.
Safe Creative trabaja precisamente en la certificación del proceso creativo para identificar, en palabras de Mario, “la parte humana, la parte sintética, cómo se combina”.
La trazabilidad no debería entenderse solo como un mecanismo defensivo ni como una forma de vigilancia. Puede convertirse en una herramienta para reconocer la autoría, aportar transparencia y preservar el contexto de una obra.
En este sentido, declarar el uso de IA no necesariamente disminuye el valor artístico. Cuando existe una intervención humana significativa, una investigación clara y decisiones conscientes, explicar el proceso puede fortalecer la lectura de la pieza.
El archivo no conserva solo objetos: conserva contexto
La conversación regresó al archivo para plantear una cuestión especialmente sugerente: ¿puede la ausencia convertirse también en un documento?
Pedro Felipe Hinestrosa describió la memoria queer como una memoria fragmentaria. Se construye a partir de pequeños materiales dispersos —publicaciones, fotografías, cartas, libros y otros vestigios— que, al relacionarse, forman constelaciones capaces de reconstruir parcialmente una historia perdida.
Desde esa perspectiva, la obra de Felipe Rivas no documenta la vida queer de la primera mitad del siglo XX. Documenta algo que ocurre en nuestro presente: la decisión de mirar ese vacío, reconocerlo y producir una obra artística sobre él.
El Archivo Arkhé incorporó piezas de Un archivo inexistente a sus fondos no porque las considere fotografías históricas, sino porque son obras contemporáneas cuyo tema es precisamente la ausencia de esas fotografías. Al conservarlas, el archivo registra tanto una creación de nuestro tiempo como la conciencia actual sobre un silencio anterior.
Pedro Felipe lo expresó mediante una formulación especialmente significativa: “estoy archivando el silencio”.
Esta idea amplía la función del archivo. Archivar no consiste solamente en acumular imágenes. Implica custodiar su origen, su intención, su fecha, las condiciones en las que fueron producidas y el marco desde el que deben interpretarse.
Sin ese contexto, una imagen generada hoy podría llegar a ser leída en el futuro como un documento de otra época. La claridad sobre su procedencia protege tanto la verdad histórica como el sentido artístico de la obra.
De detectar lo falso a acreditar lo auténtico
Una intervención del público trasladó la conversación hacia uno de los mayores riesgos de estas tecnologías: la posibilidad de reescribir la historia mediante imágenes verosímiles que se presentan como verdaderas.
La manipulación documental no comenzó con la inteligencia artificial. Fotografías, textos y testimonios han sido alterados, borrados o utilizados con fines propagandísticos a lo largo de la historia. Lo que cambia ahora es la facilidad de acceso, la velocidad de producción y la calidad de los resultados.
Cuando cualquier persona puede generar un vídeo, una fotografía o una voz aparentemente creíble, confiar exclusivamente en nuestra capacidad de detectar una anomalía visual resulta insuficiente.
Mario Pena planteó entonces uno de los principales desplazamientos conceptuales de la jornada: quizá la batalla futura no consista en identificar todo lo falso, sino en poder demostrar qué contenidos son auténticos.
La autenticidad no significa que una imagen tenga que haber sido capturada por una cámara. Una obra generada con IA puede comunicar una idea verdadera, abordar una ausencia histórica o formar parte de un proceso artístico legítimo. Lo decisivo es poder conocer su origen, su intención y las transformaciones que ha atravesado.
Frente a una imagen aislada, la pregunta ya no debería ser solamente «¿esto es real?». También tendremos que preguntar: ¿quién la creó?, ¿cuándo?, ¿con qué herramientas?, ¿para qué?, ¿qué fuentes utilizó?, ¿cómo ha circulado y qué información permite comprobarla?
Una responsabilidad compartida
Las jornadas no ofrecieron una respuesta única ni pretendieron cerrar un debate que se encuentra en pleno desarrollo. Sí permitieron identificar una responsabilidad compartida.
Las personas creadoras deben pensar qué imágenes producen, qué materiales incorporan y cómo documentan su intervención. Las empresas tecnológicas deben desarrollar herramientas responsables y ofrecer información clara sobre su funcionamiento. Las instituciones culturales necesitan contextualizar las obras que presentan. Los archivos deben preservar tanto los contenidos como su procedencia. Y los públicos tendremos que aprender a mirar de otra manera.
Como conclusión desde la curaduría del encuentro, una idea atravesó todas las intervenciones: la inteligencia artificial no sustituye la mirada humana, pero sí nos obliga a hacerla más consciente.
Ante la abundancia de imágenes, el valor no estará únicamente en producir algo nuevo o visualmente convincente. Estará en la capacidad de sostener una pregunta, asumir una posición, explicar un proceso y responder por los efectos de aquello que ponemos en circulación.
Un archivo inexistente demuestra que la IA puede servir no solo para fabricar apariencias, sino para hacer visible una ausencia. Pero para que esa posibilidad conserve su potencia crítica, necesitamos distinguir entre imaginar el pasado y falsificarlo, entre crear una ficción y presentarla como documento, entre utilizar una herramienta y renunciar a la responsabilidad sobre el resultado.
Cuando la apariencia ya no sea suficiente para confiar en una imagen, el contexto, la intención y la trazabilidad serán una parte inseparable de su significado.
Ver las jornadas
La conversación continúa en los materiales audiovisuales del encuentro.
Entrevista a Felipe Rivas San Martín
Una presentación en profundidad de Un archivo inexistente, su origen, su proceso creativo y las preguntas que plantea sobre inteligencia artificial, memoria y representación queer.
Conversación completa: Imagen y verdad en tiempos de IA
Con Asier Crespo, Mario Pena, Roberto González Fernández y Pedro Felipe Hinestrosa Díaz del Castillo. Moderada por Corina De Sousa.
Invitamos a ver ambos vídeos y a continuar una reflexión que no termina con estas jornadas: cómo queremos crear, conservar, interpretar y compartir imágenes en un presente en el que la inteligencia artificial está transformando no solo las herramientas disponibles, sino también nuestra relación con la memoria, la verdad y la confianza.

